Entre parcelas llenas de árboles y vacas, rodeado de montañas, a cuatro kilómetros de la población más cercana, en plena sierra oeste de Madrid, a finales de los años sesenta, un cartel desconcertante rompía la monotonía del paisaje: “Vuelos espaciales tripulados”. Tras él, una enorme antena parabólica de la NASA. Eran las instalaciones de Fresnedillas de la Oliva, junto con Goldstone (California, EE UU) y Honeysuckle Creek, Canberra (Australia), una de las bases que hizo el seguimiento de la nave Apollo 11, la primera misión tripulada que llegó a la Luna. Mañana se cumplirán 40 años del día en que esa enorme antena recibiera un mensaje de Neil Armstrong: “Houston, aquí base de la tranquilidad. El águila ha alunizado”.